El cuerpo como territorio

El conflicto colombiano en los últimos 50 años ha estado marcado por variadas formas de violencia que se han ensañado principalmente en el cuerpo, cuando hablamos del cuerpo estamos hablando de cómo este representa un territorio, un espacio con unos valores sociales y culturales que determinan las diferentes aproximaciones al ser.

Se ha escrito mucho en Colombia acerca del principal factor del conflicto, la lucha por la tierra, por el territorio y específicamente por dominar geográficamente una zona, un espacio; pero no podemos concebir ningún territorio sin sus habitantes y como entre ellos y la tierra existe un nexo indisoluble; por eso toda violencia que se ejerce sobre el territorio se ejerce directamente sobre el cuerpo; en muchas de las mitologías y las cosmogonías de nuestros ancestros se concibe el territorio como el origen, la madre tierra que nos alimenta, nos da vida y nos acoge desde que nacemos hasta que morimos, por eso hablar del cuerpo como territorio es hablar también de los vínculos profundos que nos unen tanto emocional, social y físicamente.

  • Los límites. ¿la primera pregunta podemos hacer es si existen los límites entre el cuerpo y el territorio? cómo nosotros hemos creado y zanjado estos límites para generar diferencias sociales, políticas, culturales, religiosas. De qué forma segregamos al otro a través de lo que llamamos las fronteras, los linderos, los feudos, los márgenes, la periferia.

Las obras de Caro, Garzón, Fruchtnis, Guache y Richter establecen diferentes niveles de compresión sobre la variedad de fronteras que hemos establecido influenciados por la política, la raza, la religión, el dinero, o el lugar de nacimiento.

  • La apropiación del cuerpo. Son precisamente las víctimas y específicamente sus cuerpos quienes han tenido que cargar con todo el peso de las prácticas violentas; sobre ellos que se ciernen todas las consecuencias del despojo, la agresión y el marginamiento; podemos decir sin temor equivocarnos que es sobre las mujeres y los niños que ha recaído con un mayor peso todo este holocausto y las consecuencias que aún estamos por ver.

Las obras Giangrandi, Moyano y González establecen lecturas claras sobre el papel que ha tenido la población civil durante el enfrentamiento de los diferentes bandos en conflicto.

  • Lo anormal como norma. Uno de los fenómenos más recurrentes de la violencia es acostumbrarse a lo anormal, tener que llevar una vida en medio del conflicto, de la amenaza, de la incertidumbre; es así que las poblaciones que más han sido afectadas por cualquier tipo de violencia se acostumbran a comportamientos que no deben ser normales como el andar escondido, hablar bajo, ocultar y callar las situaciones de injusticia contra la población, contra la naturaleza o contra la vida misma. (niña en entierro/fragmentados)

En las obras de Hoyos, Guerra, Jiménez, Ortiz y Kaplan encontramos diversas formas de mimetismo, adaptación y defensa ante la constante amenaza de los violentos.

  • El cuerpo como arma. Es tan delicada, profunda y compleja esta realidad, que el mismo cuerpo se convierte en un arma, es un arma para ocultarse, es un arma para atacar, es un arma para sobrevivir, es un arma para denunciar, es un arma para no callar. El cuerpo se vuelve un escenario de resistencia, por un lado resistencia contra el olvido, por otro lado la presencia misma se convierte en una denuncia y en un anuncio que va más allá de las circunstancias del momento que le ha tocado vivir; es el cuerpo el testigo fiel e ineludible donde se lee perfectamente el drama, el que no oculta nada, el que se para firme ante la adversidad, el rastro indeleble que ellos quisieron borrar; el cuerpo se yergue ante los que quisieron negarlo, ocultarlo,  masacrarlo  y desaparecerlo.

En los trabajos de Aguirre, Ibáñez, Alonso, Van Iperen, Carreño y Baglione, se expresan las múltiples estrategias contra el olvido, los actos de resistencia y las denuncias en contra del abandono oficial.

  • El cuerpo como mapa. En el cuerpo está el mapa de las cicatrices, la ruta del dolor, el camino del desplazamiento, las coordenadas de agresión, el laberinto del abandono, en fin, la vorágine de la injusticia. Cada arruga, cada herida, cada expresión, cada gesto es una seña, un hito que señala sin perdida alguna la experiencia de dolor, el punto sin retorno, la brecha abierta, la zanja sin cubrir.

Basta con mirar de cerca para captar cada detalle, para entender cómo el cuerpo es el mayor testigo y la fuente primaria dónde podemos leer la tragedia de lo que ha sido el libreto macabro de la violencia.

En las propuestas de Bonilla, Martí y Jaramillo entendemos el cuerpo como el territorio que es el escenario del conflicto.

  • Cuerpo doméstico. Pero no tenemos que desplazarnos al campo, o a las mas apartadas zonas del país porque éste cuerpo nos habla directamente desde la casa, desde el hogar, desde la pieza, desde el patio, desde todos estos lugares domésticos, cercanos en los que también se escenifica, pero también se oculta la mayor de las violencias: la violencia intrafamiliar, la violencia doméstica, la violencia de género, la violencia cotidiana.

Es la violencia contra los más débiles, marcada por el autoritarismo y el machismo, la sinrazón donde confluyen todas las agresiones que reflejan los males y falencias de una sociedad. El lugar que podría ser el más seguro se convierte en el más frágil, en el escenario más macabro, el espacio más inseguro, el cuarto sin salida y la espiral constante de agresión. Es el lugar de largos silencios, de furia contenida, de rencor, de rabia.

Las artistas Bulla, Galvis, Uribe, Ochoa, Amorocho, Hernández y Herazo se han empoderado del lenguaje plástico para manifestar las intrincadas variables de la mas sutil de las violencias.

Gustavo A. Ortiz Serrano.

giangrandiObra: “Violencia” Autor: Umberto Gianagrandi  Técnica: Tinta sobre papel

Acerca de gutech

En 1986 hice mi primera animación con un Atari y la edité con dos betamax, en 1989 hice mis primeros dibujos vectoriales con CorelDraw; como Artista Plástico pertenezco a la generación de transición entre lo análogo y lo digital. Como Museólogo he buscado aprovechar mis conocimientos para integrarlos en una experiencia digital en los museos. Cada día es un aprendizaje y esto es lo que comparto con mis lectores.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s